La maleta de una periodista freelance

Irme de viaje y preparar la maleta significa siempre reservar un espacio para nuevas adquisiciones y posibles tesoros que puedan enamorarme en mi próximo destino. Y es que aunque está demostrado que el look perfecto cabe en una maleta de 55 x 40 x 20 cm, ante todo, debemos pensar que a la hora de viajar con equipaje de mano, lo mejor es ir ligera y reservar un hueco que seguro rellenaremos a la vuelta.

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En mi maleta siempre hay algunos básicos imprescindibles, como un trench arrugable y uno de los vestidos de Family Affairs, mis prendas fetiche para viajar. Igualmente, unos pantalones denim son elementos fáciles a la hora de combinar.

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Por otro lado, los bolsos vintage Iriarte Iriarte y una de las gargantillas de Après Ski siempre me han dado mucho juego para mezclar con cualquiera de mis looks de viaje. Ah, y en mi neceser nunca falta una pequeña botella del champú de AVEDA Rosemary. Tengo que reconocer que sufro de cleptomanía en ciertos hoteles. Viajo casi cada dos semanas y, afortunadamente, me alojo en buenos hoteles. En USA, donde AVEDA cuesta la mitad que en nuestro país, cada día guardo los botes mini de champú, acondicionador y crema hidratante para que los repongan y vuelva yo a casa con varios kits para el próximo destino. No penséis que siempre habrá secador en el hotel, por mucho que sea un cinco estrellas. Recuerdo un febrero en Estocolmo y yo con la melena al viento. Gripe, delirio febril. Tengo uno de bolsillo que siempre viaja conmigo. También hay versiones mini de cepillos de dientes, set de cepillo y peine y Dior ha creado un set de maquillaje de viaje donde lo tienes todo, desde rímel y sombra de ojos para hacerte un degradado precioso si tienes una cena de gala, a fondo de maquillaje, corrector, pintalabios…

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Aunque lo cierto es que cuantas menos cosas me llevo, más espacio tengo para hacerme con nuevas conquistas. Y pese a que suelo tener la agenda apretada durante los viajes de prensa, el truco está en prepararse previamente un mapa con los mejores lugares para visitar. Siempre encuentro tiempo para ir a descubrir esos baúles del pasado en los que hallar joyas que luego atesoro durante años.

berlin8Los mercadillos de todo el mundo guardan prendas singulares y piezas inimitables a precios muy asequibles. Muchas son de segunda mano, lo que las convierte en irresistibles. Por eso, nunca desaprovecho la oportunidad cuando viajo por Europa de visitar los puestos de ropa antigua y objetos vintage.

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En Berlín, en el Flea Market de Mauerpark, puedes encontrarte a gente de todos los rincones del globo terrestre vendiendo, por ejemplo, joyas de Perú o tejidos de India. Además, los puestos de jóvenes diseñadores berlineses están llenas de objetos únicos handmade como camisetas o todo tipo de collares y pulseras. Mi última adquisición allí fue un fabuloso conjunto de pendientes y diadema con perlas de colores pintadas a mano.

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Otro lugar magnífico para curiosear es el mercado multicultural Brunnenmarkt, en Viena, siempre hay algo nuevo por descubrir entre sus laberínticos pasillos: espejos de tocador, bolsos de piel, vestidos de época y zapatos sin estrenar. El mercado culinario Naschmark (abierto únicamente los sábados), donde se puede comprar típico café vienés, es prácticamente para mí también visita obligada cuando estoy de paso por Viena.

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Las antigüedades del Marche Aux Puces de París o del mercado de Portobello de Londres figuran también entre mi lista de favoritos. Allí he comprado fundas de cojines a juego con la decoración de mi salón y una lámpara retro que, con mucha suerte y tiento, conseguí encajar dentro de mi maleta.

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Todo esto sin perder de vista que las tiendas de segunda mano de Viena, Londres, París o NY no son lo mismo que las de Barcelona o Madrid. Allí encuentras grandes firmas a precios que podríamos llamar ridículos. Asimismo, las prendas más básicas: vestidos de aura sixties, camisetas de algodón como las que combina a la perfección Alexa Chung, o bolsos y bisutería que no valen apenas nada. En el mercado de segunda mano que tiene lugar los sábados de Viena me hice con un botín por tan solo 150 euros. Y hablo de un chapín de los años 30, un pañuelo de seda Yves Saint Laurent, bolsitos de mimbre, joyería art decó y más de un cascanueces decorativo. Ah, y camisetas con motivos ochenteros sin ni un solo agujero, prácticamente impolutas. No hay que temerle a revolver y regatear. El resultado es una sonrisa de oreja a oreja y piezas que tienen una historia que a mí me gusta imaginar y sumar a la mía.

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No crean que todo ha sido coser y cantar. Hace años cargaba maletas y era incapaz de irme de viaje 3 días sin llevarme casi ropa para un mes. Maletas desesperantemente perdidas, horas y horas esperando que mi samsonite fuera transportada desde el avión a la terminal del aeropuerto y más de un tirón muscular subiendo todo por las escaleras de mi hogar en Barcelona (esas escaleras de altos escalones y tan estrechas que apenas puedes girar la maleta al llegar a cada rellano) hicieron que me planteara seriamente el tema del equipaje. Y eso no ha significado perder nada de la sofisticación de la que me gusta hacer gala.

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A ver, siendo sincera: soy partidaria de sentirse a gusto en lo que una lleva siempre. Es la clave. Si una lleva unos shorts con confianza seguro que le quedarán de fabula (sí, dentro de unos límites). Si nos los vamos estirando para abajo porque los vemos demasiado cortos seguro que todo el mundo nos va a mirar. Es como la gente que se sube a unos tacones de 10 cm y anda cual pato. ¿Hay que sufrir para lucir? Me encanta la democratización del denim y lo llevo incluso a cenas de etiqueta, con una blusa bonita y unos pendientes largos. Ese mismo denim y una camiseta y un trench me permitirán, con unas repetto o unas UGGs, recorrer al día siguiente la ciudad en busca de la autenticidad de un lugar o pasar horas en una feria.

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Me acuerdo cuando en una ocasión me mostraron un manual para viajar. Había que marcar en casillas lo que te llevabas y estaba clasificado por destinos (playa, montaña, nieve)… Ese fue el principio. Y el resto es historia. La versatilidad ha sido el resultado de sumos errores. Pero el cambiarse de ropa en un plis plas porque llegas tarde a una cena de prensa o al aeropuerto, el comprar un buen fondo de armario y el aprender a invertir para comprarme un vestido de 200 euros que me durará años en lugar de 10 de 20 euros, me ha ayudado mucho.

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Me encanta repetir y buscar nuevos estilismos a una prenda. Será que me dedico a ello profesionalmente, como a irme por el monte con un fotógrafo a buscar una buena foto de unos viñedos y necesitar mis Nike Air Force más que nunca, pero el mundo freelance requiere dinamismo y cuando uno llega a casa y no hay que poner 3 lavadoras ni hay que planchar durante horas vestidos que una no se ha puesto, una mirada pícara, de profesional maletera, que digo yo, es la guinda del pastel de otro viaje antes de servirme una copa de vino y empezar a teclear artículos y reportajes.

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¡Bon voyage!

Credits: artículo publicado el 30.01.2013 en Hoss Intropia Blog

Photos: by me y Carla Cascales

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