La Antigua Petra, una maravilla de piedra caliza

La fachada del Tesoro de Petra y el desfiladero que conduce hasta ella son ampliamente conocidos, ya sea por la película de Indiana Jones, por documentales o por los anuncios que se han rodado utilizándolas como telón de fondo. Pero Petra esconde mucho más.

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Escondida. Así es como permaneció Petra desde su decadencia y destrucción debida a tres grandes terremotos, el último de ellos en el año 551, hasta que, en 1812, el explorador suizo Jean-Louis Burckhardt fue el primer europeo en visitarla desde la época de las Cruzadas. Y todavía hoy, convertida en uno de los principales atractivos turísticos de Jordania, sigue pareciendo escondida a los miles de turistas que la visitan.

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Cuando se llega al árido valle de Wadi Musa y desde cualquier elevación se contempla el paisaje, formado por enormes protuberancias rocosas que parecen una obra surrealista de pegotes de barro distribuida sin orden ni concierto, es difícil imaginar lo que se oculta entre sus pliegues.

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Y cuando se deja atrás el nuevo centro de acogida de visitantes, todavía en obras, y se empieza el leve descenso por el angosto pasaje del Siq, atravesando el corazón de la montaña durante más de un kilómetro, la ciudad sigue escondiéndose. Entretenidos por los recovecos del desfiladero, dirigiendo ocasionalmente la vista a la franja de cielo recortada por las paredes de ochenta metros de altura, súbitamente entrevemos un edificio al final del pasadizo y, por fin, Petra nos muestra la belleza de la fachada del Al-Khazneh, el Tesoro, como espectacular muestra de bienvenida.

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Un Tesoro como aperitivo

Se dice que Al-Khazneh se construyó para impresionar a los visitantes que llegaban a la entonces opulenta ciudad. Objetivo cumplido con los turistas de hoy. Pero el Tesoro es solamente un aperitivo, de lujo, eso sí, para lo que aún nos aguarda.

Dejamos la fachada a nuestra izquierda y seguimos un nuevo desfiladero, el Siq exterior, que nos conduce a la calle de las Fachadas, una larga sucesión de tumbas nabateas con intrincadas esculturas y al teatro de estilo romano excavado en la roca, que tuvo capacidad para 7.000 personas.

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Aquí podemos reponer fuerzas en alguno de los pequeños cafés a ambos lados del camino antes de proseguir por una bella calle con columnas que discurre por lo que era el centro de la ciudad, flanqueada por las ruinas de templos, edificios públicos y tiendas, hasta llegar a Qasr al-Bint, el único edificio que ha sobrevivido a los terremotos y que se cree fue el principal templo de la ciudad.

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El Monasterio y las tumbas

Ahora iniciamos el ascenso por un nuevo desfiladero, con más de 800 peldaños tallados en la roca que, además de deleitarnos con hermosas vistas durante el trayecto, nos conducen hasta una explanada en la que se encuentra Ad-Deir, el Monasterio. Un edificio con una fachada que se asemeja a la del Tesoro pero arquitectónicamente más simplificada. Se pudo utilizar como tumba o como templo, pero era un importante sitio de peregrinaje por lo que la subida a la montaña se hacía a modo de procesión.

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Los más curiosos o intrépidos todavía pueden proseguir hasta la cima de la montaña, donde un mirador en el que ondea la bandera jordana ofrece una perspectiva espectacular del Monasterio y el paisaje del valle.

Tras descender por el mismo camino, un poco antes de llegar a Qasr al-Bint nos desviamos a la izquierda por una loma que nos lleva de frente a contemplar las Tumbas Reales, excavadas en la roca para alojar los restos de los dignatarios nabateos y con magníficas aunque erosionadas fachadas.

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En su interior las estancias están vacías pero, con el sol de la tarde penetrando en ellas, los arabescos formados por las vetas de distintos colores de la piedra arenisca forman la más hermosa de las decoraciones.

Abandonamos Petra pasando de nuevo frente al Tesoro. Con el cambio de luz, la tonalidad de la fachada es totalmente distinta y nos invita a meditar sobre la grandeza de ese pueblo capaz de construir tamañas maravillas.

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VISITA NOCTURA, PURA MAGIA

Una hermosa manera de admirar Petra bajo una perspectiva distinta es visitarla de noche. Velas colocadas en el suelo y antorchas que portan quienes nos acompañan alumbran el camino por el Siq mientras que la franja de cielo que permiten ver las negras paredes verticales que nos flanquean está iluminada por las estrellas y la luz de la luna. El silencio nos envuelve. Llegamos a la explanada frente al Tesoro, repleta de velas que iluminan la fachada y confieren a su color rosa un brillo muy especial. Nos sentamos en las esterillas dispuestas en el suelo y saboreamos un delicioso té árabe mientras la música que surge de los instrumentos beduinos nos acompaña y un jordano explica en inglés la historia del pueblo nabateo.

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Credits: publiqué una versión de este artículo en Viajar, suplemento mensual de La Vanguardia

2 Comments on La Antigua Petra, una maravilla de piedra caliza

  1. Marcos
    24/02/2015 at 14:39 (2 years ago)

    Un lugar impresionante, tanto a la luz del sol como de noche. Brutal

    Reply
    • Anna Tomàs
      24/02/2015 at 21:08 (2 years ago)

      Exacto, Marcos! De día es un lugar, como comentas, impresionante, pero la magia nocturna es indescriptible

      Reply

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