Casablanca, “Play it again, Sam”

Más allá de las notas de jazz que tocaba Sam al piano, y que permanecen en el recuerdo de todos, junto a Humphrey Bogart y a una encantadora Ingrid Bergman, esta ciudad portuaria marroquí es la meca de los amantes del diseño y la arquitectura. Cual ave Fénix, ha resurgido de sus cenizas coloniales y es hoy un epicentro cultural que, al igual que dicta la canción que interpretaba Rick una y otra vez, adquiere más y más valor a medida que pasa el tiempo.

Siempre nos quedará París. Y el Rick’s. Y el capitán Renault. Y Laszlo. Y Casablanca. Cuando uno evoca esta localidad situada al oeste de Marruecos el imaginario se tiñe de blanco y negro y de la niebla de un aeropuerto. Nostalgia, en el sentido más lírico de la palabra. Sombreros fedora y barcos de vapor. Canciones que hablan de besos inolvidables, como la que tatareaba también en el teatro Rialto de Casablanca la mismísima Josephine Baker. “J’ai des amours” se une a “As time goes by” en esta ensoñación marroquí, de la que también se impregnaron Edith Piaf y su amante Marcel Cerdan en una huida romántica a Marruecos. Canciones llenas de fuerza para una ciudad que rezuma pasión en cada esquina.

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A decir verdad, el glamour de Hollywood desapareció hace mucho tiempo. Con su arquitectura majestuosa decadente y sus polvorientas y estrechas calles coloniales, este centro administrativo en el que viven cerca de cinco millones de personas llama ahora a la puerta con nuevos y florecientes restaurantes y locales de ocio… ideal para gozar de la dolce vita marroquí al mismo tiempo que se aprehende la tradición y las costumbres de una cultura milenaria. Casablanca encarna el Marruecos moderno que cohabita armoniosamente con su rico patrimonio, fruto de una extensa historia.

La energía de la modernidad

La tradición arquitectónica de la capital económica tiene su icono en la mezquita de Hassan II (Bd Sisi Mohammed Ben Abdallah) que, alzándose sobre el océano Atlántico, es una de las más grandes del mundo con sus 200 metros de altura. Su sala de oraciones tiene capacidad para acoger a 25.000 fieles y su explanada, a 80.000. En 3 minutos, la sala se transforma en un patio gracias a un techo corredizo. Su minarete de 200 metros la convierte en la construcción religiosa más alta del mundo. Esta mezquita, visible desde cielo, mar y tierra, es una de las pocas mezquitas abiertas a los no musulmanes y ofrece recorridos de una hora de duración en inglés, español, alemán y francés.

La vida en la Casablanca moderna es un reflejo del barrio trepidante de Mâarif. Esta antigua zona pobre, situada al oeste del parque de la Liga Árabe, se ha ido transformando poco a poco en uno de los barrios más destacados de la ciudad. La juventud dorada marroquí frecuenta sus calles llenas de comercios de lujo y de establecimientos de moda, dominados por las torres gemelas del Twin Center.

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Situada al sur de la ciudad, en el barrio de los Habous, la nueva medina se ha diseñado en su totalidad siguiendo el modelo tradicional. Con sus plazoletas, sus numerosos comercios de artesanías y sus soportales, resulta muy agradable de visitar. Aquí encontramos el mahkama del Pachá. Este edificio de estilo hispano-morisco, totalmente construido en mármol y madera, cuenta con sesenta salas y hacía las veces de tribunal y de sala de recepción para el antiguo Pachá de Casablanca.

Construido por el arquitecto Marius Boyer, la Prefectura (o Wilaya) se inauguró en 1937 y se erige sobre la actual plaza de Mohammed V. El edificio se organiza en torno a un espléndido triple patio central adornado con un jardín tropical. Dos pinturas monumentales, obra de Jacques Majorelle, decoran la escalera principal. Una torre de 50 metros permite, una vez en la cima, admirar un panorama único de toda la ciudad de Casablanca.

La arquitectura de los años 30

Al este se extiende el barrio Art Decó, donde podemos ver varios conjuntos monumentales que contribuyen al estatus particular de la ciudad: la plaza de Mohammed V, el parque de la Liga Árabe, las amplias avenidas flanqueadas por palmeras… Obligada visita merecen, entre otras, la Villa de las Artes, una casa de estilo Art decó construida en los años treinta, rodeada por un jardín de 2.500 m², y la Wilaya o Prefectura, construida entre 1927 y 1936 por Marius Boyer y restaurada recientemente para poner en valor los insólitos artesonados de madera, los mosaicos multicolores y los adornos de cuero.

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Deambulando por el Boulevard de Paros, el Boulevard Mohammed V y la avenida Lalla nos sentiremos como en el distrito 16 de París, contemplando balcones de hierro forjado y edificios con buhardillas deliciosamente ornamentadas.

La ciudad antigua

La medina de Casablanca no es tan antigua como en otras ciudades, ya que fue reconstruida en el siglo XVIII, y es relativamente pequeña, pero en ella encontraremos sin duda el ambiente de las antiguas ciudades marroquíes. Rodeada por una muralla, contrasta con la modernidad de esta pujante ciudad. Para visitarla, lo mejor es partir de la plaza del mausoleo Kouba Sidi Bou Smar. Desde allí, bordeando la muralla, encontramos el bastión de la Sqala, donde se encuentran los antiguos cañones de la ciudad -apuntando hacia un océano del que surgieron muchos enemigos- desde donde tenemos una increíble vista panorámica de la medina y el puerto. En esta zona se halla también el faro de Casablanca, que data del año 1920 y simboliza la importancia que tenía el puerto a principios del siglo XX. Un poco más lejos se erige el santuario del primer santo patrón de la ciudad, “Sidi el Kairouani”, cuya tumba aún es un sitio de recogimiento para muchos marroquíes.

Tras haber visto lo esencial, podemos deambular por las pequeñas calles y dejarnos atrapar por sus perfumes, su bullicio y refrescarnos con un delicioso té de menta. ¡Todo puede pasar en Casablanca! Y su dinamismo es contagioso.

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APUNTES:

Cuando cae la noche

Durante el fin de semana, Casablanca deviene chic y cosmopolita. Un crisol de culturas donde los empresarios franceses, los jóvenes y los turistas se dirigen al distrito de Aïn Diab, otro tesoro Art Decó. La franja costera está llena de discotecas árabes, lugares donde disfrutar de música en vivo y lounges dónde pinchan los DJ internacionales de mayor renombre.

Uno de los clubs más elegantes es el Skybar, situado en la azotea del hotel Villa Blanca (Avenida de la Corniche /+212 52 2392510 /http://www.villablanca.ma) . Con una terraza con impresionantes vistas directas al océano Atlántico, este establecimiento noctámbulo se ha convertido en todo un hotspot.

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Para bailar música funky y canciones con dulces pinceladas de los años veinte y treinta, nada mejor que acudir al Armstrong (Boulevard de la Croniche Aïn Diab).

Para un noche más relajada, el Mystic Garden (Boulevard de la Croniche Aïn Diab 33 / +212 52 2798877 ) es perfecto. El restaurante – bar con su aspecto minimalista y escandinavo sirve espléndidos cócteles.

Delicias gastronómicas

Cuando los franceses se retiraron de Marruecos en 1956, dejaron su legado de aprecio por la buena comida y el buen beber, presentes todavía hoy. La sabrosa cocina marroquí y los bistros de París de estilo se extienden por toda la ciudad de Casablanca. El Ma Bretagne (Boulevard de LOCEAN Atlantique, Sidi Abderrahmane /+212 52 2362112) es operado por uno de los chefs más famosos de Marruecos, el francés André Halbert. El restaurante, con impresionantes vistas al mar, sirve sensacionales platos de pescado y marisco, como el risotto de langosta o los langostinos en hojaldre.

El Café de Rick (Boulevard Sour Jdid 248 / +212 52 2274207) abrió hace diez años, por lo que no lo frecuentaron los protagonistas del film de Michael Curtiz. Eso sí, la decoración evoca el ambiente glamorosamente melancólico de la película y se ha convertido en uno de los restaurantes y bares más chic de la ciudad. En él se puede comer desde tajin a parfait de foie gras, goulash húngaro o una buena hamburguesa. Una mezcla de sabores y texturas que atrae tanto a residentes como a visitantes.

¡NO TE LO PIERDAS!

El marabuto de Sidi Bou Abderrahmane

Este santuario se encuentra situado en una pequeña aldea encaramada sobre un peñón rodeado por el océano, en el extremo de la cornisa. Sólo es posible acceder a ella cuando la marea está baja. Unos descubrimientos arqueológicos han demostrado que ya existían asentamientos de población aquí durante la prehistoria.

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El Museo Judío de Casablanca

El Museo Judío de Casablanca es el único museo de esa naturaleza en todo el mundo islámico. En sus salas pueden contemplarse una serie de objetos relacionados con el patrimonio y la tradición judeo- marroquí. Además, es el único museo en Casablanca. Después de dos años de renovación, el Museo reabrió sus puertas el pasado mes de abril. El Museo Judío se encuentra en una hermosa villa rodeada de exuberantes jardines y situado en el barrio residencial de Oasis.

Credits: publiqué una versión de este artículo el 25.09.2013 en Viajar, suplemento mensual de La Vanguardia

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